Repensando el “Futuro Sostenible”
A menudo vemos la frase “futuro sostenible” como si el futuro estuviera muy lejos, separado del presente y desconectado de él. Incluso en los Derechos de las Generaciones Futuras de las Naciones Unidas, el presente y el futuro se tratan como separados al discutir cómo las generaciones actuales se relacionan con las futuras (Naciones Unidas, 2024).
Pero si el cambio climático nos enseña algo hoy, es que ya no existen fronteras territoriales ni temporales. Por ejemplo, las emisiones de CO₂ afectan a todos, sin importar fronteras ni tiempo. El cambio climático está transformando nuestra conciencia ahora; ya no es algo lejano ni un asunto para otras generaciones.
Normalmente pensamos en cómo nuestras acciones afectan el futuro, pero no en cómo el futuro nos afecta ahora mismo. Trabajamos duro en el presente para asegurarnos de que el futuro, lo que Beck llama un estado “ficticio”, sea lo más bueno y sostenible posible (Beck, 1986).
Pero nuestra perspectiva de la vida cambiaría, si realmente entendiéramos que el futuro ya es parte de nuestro presente. En otras palabras, si aceptamos la idea de que “el futuro es hoy”, veríamos que el futuro no solo guía lo que hacemos ahora, sino que también moldea nuestras elecciones y nuestro bienestar actual.
En este sentido, es esencial que el concepto de bienestar sostenible se entienda como aquel que considera las condiciones futuras como parte del resultado del bienestar presente.
Por Qué las Nociones Actuales de Bienestar Son Insuficientes
Las nociones actuales de bienestar están limitadas en espacio y tiempo. No podemos hablar de verdadero bienestar sin ver el futuro como parte del presente. De lo contrario, corremos el riesgo de promover una falsa sensación de bienestar; una que ignora la sostenibilidad y está desconectada de lo que viene.
Esto se refleja a menudo en indicadores populares de bienestar, como el OECD Better Life Index (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, 2025), Calidad de Vida de Eurostat (Eurostat, 2025), Calidad de Vida Multidimensional del INE-España (Instituto Nacional de Estadística-España, 2025), entre otros, ampliamente aceptados por instituciones y promovidos socialmente.
El problema es que las personas a menudo toman decisiones sin comprender completamente las posibles condiciones futuras. Esta falta de claridad conduce a elecciones sesgadas que pueden perjudicar tanto su propio futuro como el de los demás. En otras palabras, la búsqueda del bienestar presente puede dañar involuntariamente el futuro.
Por ejemplo, un ciudadano podría decidir que su bienestar se basa en el consumo sistemático de ciertos productos, sin conocer las consecuencias. Supongamos por un momento que esto sí tiene consecuencias en el futuro y que probablemente tendrá que dejar de consumirlos con el tiempo. Su nivel de bienestar disminuirá en el futuro. Sin embargo, si lo supiera de antemano, trataría de ser más cauteloso en sus hábitos de consumo para que su bienestar presente no afecte su bienestar futuro.
Por lo tanto, es importante generar una nueva perspectiva de la vida: una que fusione el bienestar presente y futuro en un concepto de bienestar sostenible.
Más Allá del PIB: De Resultados a Capacidades
Existe un consenso global creciente de que el PIB ya no es una medida suficiente del progreso. La mayoría de los indicadores actuales de bienestar, calidad de vida y sostenibilidad, como los mencionados, se enfocan en un enfoque basado en resultados.
A pesar de los llamados repetidos de la Comisión Sarkozy, la Comisión Europea, el Consejo de la UE y las Naciones Unidas para adoptar medidas más amplias y multidimensionales del progreso, el crecimiento económico sigue siendo la influencia dominante, incluso en marcos multidimensionales.
Si queremos un presente sostenible o bienestar sostenible, debemos dar a las personas las capacidades para ser tanto el medio como el objetivo de la sostenibilidad. Esto refleja la definición de sostenibilidad de Amartya Sen, basada en la promoción de las capacidades presentes (Sen, 2013). La intención es transformar la visión de sostenibilidad de basada en resultados a basada en capacidades, reemplazando la perspectiva de crecimiento económico por la de crecimiento personal.
Por ejemplo, no se trata de si una persona ha conseguido una plaza universitaria, cuántas plazas hay disponibles o el número de graduados, aspectos asociados a resultados. Más bien, el enfoque de capacidades enfatiza si una persona tiene la oportunidad de elegir un lugar en el campo que más valora y si garantiza calidad.
Diversos enfoques apoyan este cambio, incluyendo el Buen Vivir (por ejemplo, Sumak Kawsay en Ecuador) y otros enfoques recientes como los Objetivos de Desarrollo Interno (IDGs), derivados del Desarrollo a Escala Humana de Max-Neef en 1986. Entre ellos, uno que ha sido parte del debate durante años es el Bienestar Sostenible (Perdomo, 2021).
El Enfoque de Bienestar Sostenible: Un Marco Alternativo
Desarrollado en 2012 en la Universidad Central de Venezuela, el Enfoque de Bienestar Sostenible ofrece una alternativa basada en capacidades y consciente del futuro, aplicable a cualquier escala y adaptable a contextos individuales y sociales. Inspirado en la teoría de capacidades de la filósofa Martha Nussbaum, propone una nueva manera de pensar tanto la política como la vida cotidiana (Nussbaum, 2011).
Se basa en cuatro Macro-Dimensiones Clave y doce Dimensiones:
Cuerpo (Vida; Salud Corporal; Integridad Corporal)
Mente (Sentidos, Imaginación y Pensamiento; Emociones; Razón Práctica)
Relaciones (Afiliación — Amistad; Afiliación — Respeto; Otras Especies)
Control (Juego; Control sobre el propio entorno — político; Control sobre el propio entorno — material)
A continuación, los indicadores se detallan más:
Cuerpo
- Vida: Poder vivir plenamente y responsablemente hasta el final de la vida humana o antes de que la vida se reduzca tanto que no valga la pena vivirla. No morir prematuramente ni en condiciones precarias.
- Salud Corporal: Poder tener buena salud, incluyendo salud sexual y reproductiva, estar adecuadamente alimentado y tener vivienda adecuada.
- Integridad Corporal: Poder moverse libremente de un lugar a otro, estar seguro frente a agresiones violentas, incluyendo sexuales y domésticas, y tener oportunidades de satisfacción sexual y/o reproductiva, así como libertad de elección en este sentido.
Mente
- Sentidos, Imaginación y Pensamiento: Poder usar los sentidos; imaginar, pensar y razonar, y hacerlo de manera “verdaderamente humana”, informado y cultivado mediante una educación adecuada que incluya, pero no se limite a, el lenguaje vehicular y el intercambio con otras comunidades. Poder usar la imaginación y el pensamiento para experimentación y actos de elección propia, ya sean religiosos, literarios, musicales u otros, garantizando los derechos sobre la propia creación. Poder usar la mente bajo condiciones protegidas por la libertad de expresión política y artística, y la libertad de práctica espiritual. Poder tener experiencias placenteras y evitar dolores no beneficiosos.
- Emociones: Poder sentirse vinculado a uno mismo y a otros seres, amar a quienes nos aman y cuidan, llorar su ausencia y experimentar añoranza, gratitud e ira justificada. No ver truncado el desarrollo emocional por miedo y ansiedad. Defender esta capacidad implica defender ciertas formas de asociación humana cruciales para su desarrollo.
- Razón práctica: Poder formar una concepción del bien, soñar un ideal y reflexionar críticamente sobre el significado de la propia vida (esta capacidad implica la protección de la libertad de conciencia y observancia religiosa).
Relaciones
- Afiliación — Amistad: Poder vivir con otros y alrededor de otros, reconocer y mostrar preocupación por otros seres humanos, participar en diversas formas de interacción social y poder imaginar la situación del otro (proteger esta capacidad significa proteger las instituciones que constituyen y nutren dichas formas de afiliación, así como la libertad de reunión y expresión política).
- Afiliación — Respeto: Tener las bases sociales del autorrespeto y no humillación; ser tratado como un ser digno cuyo valor es igual al de otros, formando una sociedad diversa y combinada. Esto implica provisiones de no discriminación por raza, estatus socioeconómico, fracaso, historial criminal, sexo, orientación sexual, etnia, casta, religión, ideología, edad, generación o estado físico o mental, así como origen nacional.
- Otras especies: Poder vivir con consideración y preocupación por los animales, plantas y el mundo natural.
Control
- Juego: Poder reír y jugar sensatamente, así como disfrutar de actividades recreativas.
- Control sobre el propio entorno — político: Poder participar efectivamente en decisiones políticas que gobiernen la propia vida, con derecho a participación política sin miedo, protegiendo la libertad de expresión y asociación.
- Control sobre el propio entorno — material: Poder poseer propiedades con dinero de fuentes legales (tanto tierras como bienes muebles), y tener derechos de propiedad en igualdad con otros. Tener derecho a crear y buscar empleo en igualdad con otros, y libertad frente a registros y confiscaciones injustificadas. Esto implica poder trabajar como ser humano, ejercer la razón práctica y entablar relaciones significativas de reconocimiento mutuo con otros trabajadores.
Empoderando a las Personas y Sociedades a través del Bienestar Sostenible
Este modelo no solo ofrece una nueva teoría, sino que también viene con una herramienta: el Índice de Bienestar Sostenible, probado en América Latina con 116 indicadores. Ayuda a identificar dónde las personas están más empoderadas para ser quienes quieren ser y hacer lo que valoran, tanto ahora como en el futuro.
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Una de las conclusiones del estudio es que Uruguay, Chile y Costa Rica son los países con las mejores condiciones para el Bienestar Sostenible. Estos son tres de los diecinueve países donde las personas disfrutan del más alto nivel de bienestar, pero también con un nivel de bienestar que es sostenible en el tiempo. Donde las personas tienen oportunidades para ser y hacer lo que valoran, respaldadas por instituciones fuertes, libertades y condiciones diversas que las sostienen.
Es un enfoque que promueve la concepción de ciudadanía universal (o, en términos de Adela Cortina: Ciudadanía Cosmopolita (Cortina, 2021)), fomentando la responsabilidad a través del espacio y el tiempo, y alentando la creación de normas cultural e intergeneracionalmente conectadas. Esta visión también se alinea con el llamado de Martha Nussbaum a un nuevo constitucionalismo y contrato social (Nussbaum, 2011). Además, resuena con el impulso de la Unión Europea de 2023 hacia nuevos contratos sociales y ciudadanía global (Consejo de la Unión Europea, 2023).
Un Presente Que Perdura
La perspectiva del bienestar sostenible sigue desarrollándose, junto con la aparición de nuevas directrices, recomendaciones y trabajos académicos e institucionales. Por ejemplo, la UNECE publicó las “Directrices sobre la Medición del Bienestar” en octubre de 2025, proponiendo una forma de medir el bienestar más allá del PIB. Esto merece ser estudiado.
Una de las limitaciones de esta perspectiva es la disponibilidad de datos e información, ya que los sistemas estadísticos se basan en una perspectiva basada en resultados: económica, social, etc.; y hay muy poco asociado a indicadores de capacidades. Esto representa un desafío importante para materializar la perspectiva a corto plazo en términos prácticos.
Al final, lo que necesitamos no es solo un “futuro sostenible”, sino un presente que se mantenga sostenible en el tiempo. Esto requiere construir una nueva forma de ciudadanía con una visión holística de la vida, centrada en el crecimiento personal y la sostenibilidad de esas condiciones. Significa alejarse del enfoque a corto plazo en resultados inmediatos y crecimiento económico, y abrazar una perspectiva a largo plazo que priorice las capacidades y el desarrollo personal de las personas.